Lección 2, Tema 4
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Propiedades terapéuticas y farmacológicas del Tabaco

marzo 4, 2024
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LECTURA

PROPIEDADES TERAPEUTICAS Y FARMACOLÓGICAS DEL TABACO

SIGLO XV AL XVII

Durante el siglo XV aparecieron publicaciones a favor del tabaco como, por ejemplo, la obra de Juan de Cárdenas, Problemas y secretos maravillosos de las Indias, editada en México en 1591, o la Historia de los Indios de Nueva España, de Fray Toribio de Benavente.

En la aceptación del tabaco por parte de la nobleza y la Corte de Europa se difundió la idea  que las hojas verdes y machacadas del tabaco constituían un medicamento milagroso contra las heridas, abscesos, sarna, herpes e incluso cáncer, y así su popularidad se fue extendiendo a Italia, Inglaterra, Alemania y el resto de las naciones europeas, aunque no se usó tanto el tabaco, en un principio, como medicamento que como medio de placer.

Durante los siglos XVI y XVII, también continuaron apareciendo publicaciones sobre las virtudes curativas del tabaco. Clusius, en 1605, insertó en su obra lo más importante de las deducciones de Monardes, teniendo una gran difusión. Él utilizaba tanto las hojas secas como verdes, y con ellas obtenía un agua destilada que usaba para abscesos, sarna, enfermedades de la vista y bocio. En Español se destacaron obras como el Tratado sobre Las excelencias y maravillosas propiedades del tabaco, de Cristóbal Hayo, catedrático de «Prima de Medicina Chirúrgica» de la Universidad de Salamanca en 1645, la publicación en 1626 de la obra El tabaco, panacea universal, de J. Leander y más adelante la obra de Antonio Lavedan, en 1796, titulada Tratado de los usos, propiedades y virtudes del tabaco, café, té y chocolate.

A pesar de los detractores, las indicaciones terapéuticas del tabaco continuaron durante este período. En la segunda mitad del siglo XVIII se inventó un método de tratamiento de la asfixia por ahogamiento mediante la máquina fumigatoria. Consistía en un cilindro de latón abierto en los extremos. En uno de estos extremos se introducía una pipa con un fuelle que contenía tabaco picado que se encendía. En el otro extremo se acoplaba un tubo flexible provisto de una cánula que se introducía en el ano del ahogado. Al bombear el humo se producía un calentamiento que dilataba los intestinos y por vía reflejo estimulaba la ventilación y respiración espontánea, aunque se advertía que no debía insistirse demasiado en esta operación por el riesgo de «inflación» del vientre. Durante el tiempo que se le introduce el humo al ahogado en los intestinos, se movía el tubo con suavidad en diferentes direcciones. El uso del tabaco por vía rectal continuó también durante el siglo XIX, mediante enemas de disolución acuosa en algunas operaciones ortopédicas como relajante muscular. 

A pesar de su amplia difusión como medicamento, no fue recogido su uso en libros oficiales de farmacia hasta la Española, de 1865, donde figura la nicotiana. Durante el siglo XIX se continuó usando el tabaco como medicamento. En el Tratado de Terapéutica y Materia Médica, de Trousseau y Pidoux, de 1872, se destacan sus efectos farmacológicos sobre enfermedades de los aparatos nervioso, digestivo, respiratorio, genitourinario, hidropesía y gota, entre otras.