Lección 2, Tema 2
En Progreso

Usos y utilidades del tabaco

marzo 2, 2024
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LECTURA

USOS Y UTILIDADES DEL TABACO

EL TABACO EN LOS PUEBLOS PRECOLOMBINOS

La primera descripción completa de la planta del tabaco fue realizada en 1535 por el madrileño Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, gobernador de Santo Domingo, en su Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar Océan  donde dice:

««usaban los indios desta isla, entre otros sus vicios, uno muy malo que es tomar unas ahumadas, que ellos llaman tabaco (...) porque esta hierba es un tallo o pimpollo como quatro o cinco palmos o menos de alto y con unas hojas hanchas y gruesas, e blandas e vellosas y el verdor tira algo a la color de las hojas de lengua de buey». ».

Fue también Gonzalo de Oviedo quien por primera vez habla del uso medicinal del tabaco: 

«No comprendo el placer que va unido a esta costumbre. Conozco varios españoles que ha imitado esta costumbre, especialmente aquellos que padecen del Mal de las buvas. Dicen que no sienten los dolores de la enfermedad en el estado de embriaguez».

Los hechiceros indígenas aplicaban el tabaco en sus curaciones echando humo a los enfermos para provocarles sudores, así como también en la nariz, oído y ano. El humo del tabaco calmaba el hambre y la sed, de tal modo que los indianos podían pasarse varios días sin comida y sin bebida.

Pero, sin duda, fue Nicolás Monardes quien divulgó las propiedades curativas del tabaco en su obra La Historia Medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales (1565-1574), editada en Sevilla en 1580. Encabezando la segunda parte de esta obra, Monardes hace una rigurosa descripción botánica de la planta del tabaco. Respecto a sus virtudes terapéuticas, Monardes se refiere solo a las hojas, aunque dice textualmente: 

«sabemos las virtudes que diremos, aunque creo que la raíz tiene hartas virtudes medicinales las cuales descubriría el tiempo»

Las recomendaciones consisten en aplicaciones locales de las hojas calentadas «entre ceniza o rescoldo muy caliente», o «majadas» o «hechas una pelotilla». Las indicaciones abarcan dolores de cabeza, de estómago, de ijada, de muelas, «envaramientos de las cervices  y pasiones de junturas», «hinchazones o apostemas frías», «heridas recientes como cuchilladas, golpes, puncturas y otra cualquier herida», «llagas viejas», «tiñas», etc. Habla también de cocer las hojas y hecho jarabe «expeler las materias y pudriciones del pecho maravillosamente. Y tomando el humo por la boca hace echar las materias del pecho a los asmáticos». Monardes nos cuenta en su obra ejemplos de los excelentes resultados de estas terapias:

«Yo vi un varón que tenía unas llagas antiguas en las narices por donde echaba mucha materia, y se le fue comiendo, y aconséjele que tomase por las narices el zumo del Tabaco, y hízolo, y a la segunda vez echó más de veinte gusanos chiquitos, y después otros pocos, hasta que quedó sin ningunas, y usando así algunos días, sano de las llagas que tenía en lo interior de las narices, aunque no de lo que se le había roído y caído de ellas: que si más tardara creo que no le quedaran narices».

También hace Monardes una descripción de cómo se consumía el tabaco como diversión o para emborracharse y quitar el cansancio:

«Usan los indios de nuestras Indias Occidentales del Tabaco, para quitar el cansancio, y para tomar alivio del trabajo, que como en sus Arreytes, o bailes trabajan y se cansan tanto, quedan sin poderse menear, y para poder otro día trabajar, y tornar a hacer aquel desatinado ejercicio: toman por las narices y boca el humo del Tabaco, y quedan como muertos, y estando así, descansan de tal manera, que cuando recuerdan, quedan tan descansados que pueden tornar a trabajar otro tanto, y así lo hacen siempre que lo han menester: porque con aquel sueño recuperan las fuerzas y se alientan mucho».

También describe cómo el tabaco podía usarse como medicina no solo inhalando el humo de su combustión, sino también como uso local, aplicando las hojas del tabaco sobre zonas con lesiones o dolor:

«Cuando por reumas, o por aire, u otra causa fría, se envaran la cervices, puestas las hojas calientes en el dolor, o envaramiento de ellas, lo quita y resuelve y queda libre del mal».